Cambio de Vida En 6 Meses

Este año se cumplen 11 años desde que me dedico al buceo de manera profesional, y 22 desde que buceo de forma más o menos asidua. Mirando hacia atrás, en estos 11 años han pasado muchas cosas, y el cambio de vida que he vivido es impresionante.

Lo más importante no fue solo dedicarme a esto, sino cómo, gracias a esa decisión, se estabilizó mi carrera profesional y mi vida en general. Todo arrancó con la decisión de meterme en el mundo del buceo; no como instructor (eso vino más tarde y es otra historia), sino por el simple hecho de estar en esta increíble industria. Esta es mi historia, y la cuento porque a ti puede ahorrarte años de rodeos.

En corto: A mí me costó 11 años y un montón de errores pasar de un trabajo que aborrecía a vivir buceando todos los días en el Caribe y, más tarde, en la Gran Barrera de Coral australiana. Pero tú no necesitas tropezar igual: si te lo propones, en solo seis meses puedes ser instructor de buceo y, en doce o menos, trabajar en uno de los mejores centros del mundo o montar el tuyo. La clave está en hacer las cosas bien desde el primer día.

Entre los 18 y los 23 años pasé por varias carreras. Al acabar el colegio en Argentina (viví en Buenos Aires de los 13 a los 19), mis padres y yo decidimos que tendría más posibilidades volviendo a España para ir a la universidad. Así que me matriculé en la politécnica, me metí en un colegio mayor y allí desperdicié cuatro años saltando de carrera en carrera y de fiesta en fiesta. A veces cogía algún trabajo en una cervecería, o de socorrista en mi propio colegio mayor, pero en general se me iba el tiempo de las manos sin aprovecharlo.

Cómo empezó el cambio que me ha traído hasta aquí

Como última opción, y echando de menos el buceo (llevaba un par de años sin viajar a bucear, y en Madrid se bucea poco), decidí irme a Vigo a estudiar Ciencias del Mar. La carrera tampoco se ajustaba a lo que buscaba, así que me busqué un trabajo de teleoperador, empecé a preparar Turismo en la UNED y seguí dando palos aquí y allá.

Que nadie te engañe: de teleoperador, si eres bueno, se gana mucho dinero. Aún recuerdo las navidades de 2005 ganando, entre comisiones y sueldo, más de 3.000 € limpios. Vendía congelados, sí, congelados, y se me daba muy bien. Siempre se me ha dado bien vender, y vender a amas de casa de 7:00 a 13:00 me resultaba sumamente sencillo. (Las cifras son orientativas: dependen de la época, la zona y el sector.)

Tan sencillo que, cuando pedí que me ascendieran a supervisor (llevaba un año en el puesto, conocía el trabajo y siempre se me ha dado bien enseñar), al jefe le pareció que no podía perder a alguien que hacía de media 12-15 ventas diarias. Así que me subieron el sueldo, me dejaron elegir turno de mañana o tarde, pero nada de ascenso: a seguir hablando seis horas al día, cinco días a la semana. Y ojo, no me quejaba del sueldo ni del horario, pero no me veía haciendo eso durante 30 años. Viendo que las oportunidades no eran muy prometedoras, empecé a agobiarme.

Y llegó el cambio de vida que tanto necesitaba

Llegó 2006 y, cansado de mi trabajo, decidí llamar a un centro de buceo de la zona para ver si había inmersiones ese fin de semana. Vigo nunca me pareció un lugar muy llamativo para bucear (ya te aviso: odio el frío), pero necesitaba urgentemente desconectar, y para eso el buceo es sumamente efectivo.

Así conocí a Ángel, dueño de uno de los mejores centros de buceo de Vigo, un club que entonces no llevaba mucho tiempo operando, pero cuyo propietario es uno de los mejores instructores y buzos técnicos con los que he tenido el placer de bucear. Ángel me comentó que ese fin de semana no podía salir porque estaban abriendo una delegación de la mayor empresa de buceo deportivo y comercial de la península, así que mi gozo en un pozo.

Por quedar simpático, le pregunté sin ninguna esperanza si no necesitaban un dependiente y, entre gracia y gracia, quedamos esa misma noche en una cervecería. Así llegué a la entrevista de trabajo más corta y surrealista de mi vida: me tomé una caña con mi futuro jefe, comimos algo de pollo frito, hablamos sobre buceos en distintas partes del mundo y, ¡tachán!, tenía el trabajo. Yo creo que la noche le confundió, pero el caso es que me contrató, y durante unos años fuimos grandes amigos. Aún hoy le recuerdo con mucho cariño, a pesar de que las circunstancias nos llevaron por caminos separados.

Al día siguiente me presenté en la que sería mi oficina durante los años siguientes. Ángel despachó al resto de aspirantes al puesto (ese día tenía varias entrevistas, incluido uno que se presentó con su chihuahua), y nos pusimos a trabajar. Me pagaban 764 €, que después de acostumbrarme a los 2.000-3.000 € fue un bajón, y trabajaba entre 8 y 9 horas diarias de lunes a sábado. De teleoperador eran 6 horas y solo 5 días… pero estaba más feliz que una perdiz. Trabajaba para la empresa más grande del sector, al lado de un tío que sabía un montón y con posibilidades de crecer profesionalmente. Sin contar que seguía con lo mío, lo comercial. (Las cifras son orientativas y varían con el tiempo y la zona.)

Y seguí cometiendo errores

Aquí apareció el primer gran error de mi nueva vida: teniendo la oportunidad, no la aproveché. Ángel me dejaba bucear gratis y formarme con él, pero yo no lo hice. Aunque él no lo sabe, es algo de lo que me he arrepentido desde que soy instructor. Con el tiempo he sabido ver la oportunidad que tuve: hoy sería mucho mejor instructor y buzo si esos años, a su lado, los hubiera aprovechado. En la tienda pasaba muchas horas y el tiempo libre lo usaba para descansar y salir con amigos y con la pareja. Si pudiera volver atrás, esto sería lo primero que corregiría.

Aprovecha cada minuto que tengas, porque el tiempo corre. Ese es uno de los aprendizajes que más me ha costado interiorizar.

Ángel me dio la oportunidad y, además, a pesar del poco interés que yo mostraba por bucear, nos hicimos amigos. Aún recuerdo que cuando entré a trabajar con él no sabía la diferencia entre un DIN y un INT, y él pacientemente me corregía día tras día. Fue tanta la confianza que me tuvo que, cuando decidió centrarse más en el centro de buceo y dejar la dirección de la tienda, apostó por mí para que en la central me eligieran para dirigir la zona noroeste de la península. Y así me convertí en delegado comercial. Del buceo ya no me ha sacado nadie.

Cómo fue el cambio de vida

Desde aquella noche en que Ángel decidió contratarme han pasado unos cuantos años, 11 como te decía, y fue el detonante para que mi vida diera un giro completo hacia algo mucho más pleno. Hasta entonces iba saltando de carrera en carrera y de trabajo en trabajo. El último, un agobio: encerrado entre cuatro paredes, sin contacto real con el público y con un jefe detrás de la oreja hablando todo el día de objetivos. Aún hoy tengo pesadillas con el discurso que tenía que repetir día tras día.

«Hola, buenos días… ¿la señora o el señor de la casa? Soy Pablo García, le llamo de la empresa Eissman, nos conoce, ¿verdad?…»

(En la empresa todos se llamaban Pablo García; recuerda que yo me llamo Josué.) Esa era mi vida hace diez años. ¿Quieres saber cómo es ahora?

El mismo Josué, 11 años después: un día en el paraíso

Me levanto todos los días a las 5:00 porque me apetece, hago algo de deporte (los que me conocen pueden reírse: he bajado 12 kg este año), me ducho, me pongo los auriculares y me preparo un café. Sobre las 6:00 abro la puerta de mi apartamento y la mosquitera, que es cuando amanece donde vivo. Vivo a apenas 100 metros de la playa.

Me siento con el café en el sofá de la terraza caribeña y disfruto de la brisa y del amanecer unos minutos. Solo se escucha el sonido de los pájaros carpinteros y, de vez en cuando, algún colibrí que aparece, porque aquí incluso en el piso alto tenemos flores y, por supuesto, palmeras.

A las 8:00 voy al centro de buceo, lo preparamos todo con el personal y a las 8:30 llegan los primeros clientes. Suelen ser europeos del norte o americanos, de vacaciones; nada de clientes con problemas: vienen con una sonrisa de oreja a oreja, superilusionados porque van a bucear, tal como me sentía yo a los 15 años viajando con mi padre. La misma sensación.

A las 9:00 estamos saltando al primer buceo, con el agua a 30 grados. En cuanto meto la cabeza bajo el agua veo el fondo, y no porque esté a 5 metros: ese día buceábamos en un acantilado llamado «punta cangrejo», con el fondo allá por los 22 metros. Lo veo nítidamente; de hecho, estoy viendo una barracuda de metro y medio cazando mientras espero que el resto de clientes y Daniel, mi divemaster, se lancen al agua.

Empezamos a bajar por el cabo que une la boya al fondo, porque aquí, en el Caribe, todos los puntos tienen su boya y eso facilita mucho el trabajo. Al llegar abajo ponemos rumbo, pero sin brújula: solo enfoco la vista 30 metros al norte y veo el risco al que quiero ir. Con 30 metros de visibilidad, la brújula del ordenador solo la uso en casos de tormenta, y no son muchos. Buceamos bordeando una pared de 20 metros de altura, con varias barracudas en el camino, una tortuga carey e infinidad de peces de colores.

Cuarenta minutos después estamos en el barco tomando tranquilamente piña, mango, sandía y un coco enorme que Machón, nuestro capitán local, se las apaña para abrir con su machete. Treinta minutos más tarde estamos disfrutando de otro buceo, esta vez en un punto llamado «plaza coral», a reventar de corales cerebro, gorgonias, algún coral de fuego, muchísimas morenas moteadas y de jardín y alguna que otra tortuga, ¡y a solo 12 metros de la superficie!

A las 12:00 estamos en el centro tomando un café con los clientes, completando el logbook, recibiendo las propinas y con una invitación para ir a bucear a Finlandia el año siguiente. Lástima que fueran sus últimos buceos y al día siguiente cogieran un avión, porque aquí siempre se hacen amigos. A Finlandia iremos de visita, eso sí, pero nada de buceo, que ya te dije que odio el frío; en todo caso nos han hablado de unas saunas y unos paisajes increíbles. Por la noche, esos mismos clientes nos invitan a cenar en un restaurante italiano frente al mar donde hacen unos daiquiris espectaculares. Yo pido el típico pescado de la zona, el chillo al horno, y nada de daiquiri, que al día siguiente me vienen unos suecos con las mismas ganas.

Actualización: en su momento vivía a 100 metros de la playa en el Caribe; más adelante me mudé a 100 metros del paseo marítimo de Cairns, en Australia.

Mi vida ha cambiado mucho en estos 11 años, ¿verdad?

He pasado de aborrecer mi trabajo a vivir con mi mujer en el norte de Australia, un lugar lleno de turistas, y a bucear todos los días con el agua a 26 grados y una visibilidad espectacular en la Gran Barrera de Coral. Todos los días veo a Nemo. He pasado de hablar por teléfono seis horas seguidas buscando objetivos diarios a que me paguen y me inviten a cenar por el mero hecho de bucear y de hacer que la gente se lo pase bien.

Esta vida me ha costado 11 años construirla, y aún estoy aprendiendo a gestionarla, aprendiendo de mis errores pasados y lidiando con ellos cada día. Por suerte, tú estás a tiempo de aprender cuáles fueron esos errores y de pasar de teleoperador, cajero, administrativo o parado a la isla caribeña de tus sueños sin que tengan que pasar 11 años y tropecientos tropiezos.

Haz las cosas bien desde el primer día y podrás dedicarte a esto el resto de tu vida.

Si te lo propones, en solo seis meses puedes ser instructor de buceo y, en doce meses o menos, tener tu propia escuela o trabajar en uno de los mejores centros del mundo. No tiene ningún misterio una vez que conoces el proceso. Cuando alguien me consulta, la primera pregunta es siempre «¿por dónde empiezo?» y la segunda «¿cuánto me va a llevar?». El «por dónde empiezo» lo tienes en este blog; el «cuánto» depende de cuándo arranques, pero si le pones ganas no te llevará más de seis meses empezando desde cero, y menos aún si ya tienes algo de experiencia.

Si quieres ver el proceso completo, lo tienes ordenado en mi guía para dedicarte al buceo. Y si lo que te interesa es cómo es el trabajo en sí y las salidas reales, échale un ojo a trabajar como instructor de buceo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en cambiar de vida y vivir del buceo?

A mí me costó 11 años porque fui aprendiendo a base de errores, pero no tiene por qué ser así. Si te lo propones, en seis meses puedes ser instructor de buceo y, en doce o menos, trabajar en un buen centro o montar el tuyo. El plazo depende de cuándo empieces y de las ganas que le pongas, pero el proceso en sí no tiene misterio.

¿Cuál fue el mayor error de tu carrera en el buceo?

No aprovechar la oportunidad que me dio Ángel en mis comienzos en Vigo. Me dejaba bucear gratis y formarme con él, pero yo usaba el tiempo libre para descansar y salir. Hoy sería mucho mejor instructor y buzo si hubiera exprimido esos años. Si pudiera volver atrás, sería lo primero que corregiría: aprovecha cada minuto, porque el tiempo corre.

¿Hace falta venir de un perfil concreto para dedicarse a esto?

Para nada. Yo venía de saltar de carrera en carrera y de trabajar como teleoperador vendiendo congelados. Lo que marca la diferencia no es de dónde vengas, sino decidirte a hacer las cosas bien desde el primer día y conocer el proceso. Así tu tiempo y tu dinero van por el camino más corto en lugar de perderse en años de rodeos.

¿Empezamos a escribir tu historia?

Si te has visto reflejado en mi historia y quieres que la tuya tarde meses y no años, escríbeme. Antes échale un vistazo a trabajar como instructor de buceo para hacerte una idea real del día a día.

5 comentarios en “Cambio de Vida En 6 Meses”

  1. José Miguel Salazar López

    Josue, muchas gracias por compartir tu experiencia! Seguiré el proceso tal cual me lo vayas enviando. Me parece genial el diseño de tu paquete de marketing digital, de primer nivel!

    Te escribo desde Venezuela (lamentablemente un país manchado por la desgracia política y social), nunca he salido de mi país, pero la crisis me obliga a buscar nuevos horizontes, principalmente por dos razones: el sustento familiar y continuar creciendo profesionalmente en el mundo del buceo, actualmente soy Instuctor CMAS 1 Estrella.

    Ya estoy en contacto con el Inst. Gianluca, espero estar en Bayahibe para el primer trimestre del año entrante haciendo mi Instructor Internship y completar mi PADI IDC. Voy con todas la ganas del mundo!

    Seguimos en contacto, y nuevamente, muchas gracias por compartir tus experiencias y conocimiento.
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    1. Buenos dias Jose!

      Me alegro de que te gusten las publicaciones.

      Gianluca de Coral Point Diving es un grandisimo Course Director, y ahora mismo tiene el unico centro de buceo CDC de todo Republica Dominicana, asi que adelante con el! Si te presentas al examen de Febrero o de Mayo probablemente nos veamos ya que los internships de mi centro de buceo bajan a Bayahibe a acabar el programa con el!

      Un abrazo y animo!!

    2. Joseeeee, hace 8 meses escribiste esta publicación y hoy eres instructor en Dressel Divers Rep Dominicana!!! felicidades por tu nuevo puesto!! Un placer haberte conocido y haber participado en tu IDC.

  2. Josue, que linda experiencia de vida,gracias por compartirla y ANIMARNOS a seguir nuestro sueño!!
    Es muy motivador lo que estas VIVIENDO. FELICIDADES por TU PERSEVERANCIA cuando ya supiste lo que te LLENABA en la vida…lo de antes no FUERON errores sino ACUMULACIÓN de EXPERIENCIA.
    nuevamente GRACIAS! saludos cordiales!!

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